Los resultados electorales en Madrid (y en otros sitio del territorio español) han abierto un debate interno dentro del Partido Socialista, sobre las causas y las soluciones a lo que parece un colapso de las opciones de la izquierda moderada para hacer frente a la derecha en esta Comunidad. La salida de la dirección madrileña de Rafael Simancas (y con el del resto de la Ejecutiva hasta el Congreso Extraordinario), es solo un primer paso que creo debe abrir un debate profundo y sereno, pero también radical para llegar a la raiz del problema.
Madrid, y por ende, el conjunto de España, necesita de una alternativa fiable a un derecha que se muestra imparable. No es de recibo que tras tres años de gobierno de progreso, con numerosas leyes que avanzan derechos, y con una derecha echada al monte de la irresponsabilidad institucional y democrática, la situación sea porcentualmente de empate técnico. Y que Madrid, antes rompeolas de las Españas, sea un tapiz azulón con tonos anaranjados.
La izquierda necesita reflexionar. Es necesario un debate sobre el futuro que no hurte del mismo a ninguna de las opciones posibles, desde la refundación, pasando por el giro al centro (al estilo del que propone Segolene Royal) con una alianza de la izquierda moderada y los centristas, demócratas y progresistas o la construcción de una nueva izquierda para el siglo XXI.
Esta última es mi opción. La necesidad de adaptar las ideas y los análisis, pero también la forma de comunicarlos y la imagen, a la realidad de los nuevos tiempos y las nuevas generaciones. No es cuestión de templar posiciones (que es habitualmente lo que sucede cuando se habla de renovación de la izquierda), sino de ilusionar con proyectos y con alternativas sociales. La izquierda necesita recuperar la utopía, el entusiasmo en la posibilidad de una sociedad mejor, mas libre y mas justa. Eso le requiere una parte importante de la sociedad, que asiste pasmada (y desmovilizada) ante la implantación de modelos radicales de globalización mercantilista sin oposición alguna. Y necesita que ese entusiasmo por la posibilidad de un cambio de rumbo de nuestras sociedades, se haga desde la normalidad, desde el respeto a las reglas del juego democrático. No es volver a viejos modelos caducos. Ni caer en izquierdismos de pañuelo palestino y rastas (disculpas por la simplificación). Es construir una nueva izquierda para el siglo XXI: moderna, dinámica y arriesgada.
Solo con un giro de este tipo es posible frenar a la ola neoliberal. En Alemania, en Francia, Italia… están de lleno en el debate sobre el ¿qué hacer?. España no puede esperar a perder unas elecciones generales para hacerlo. Aprovechemos un gobierno progresista como el de Rodríguez Zapatero, que está aplicando calidad y cantidad a la política de izquierdas, para abrir el debate.
Hay una alternativa a la izquierda. Aprovechémosla.
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